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El crimen de la amante lesbiana

Programa 4. ¿Asesinato pasional o la silenciaron?

En 1989 una vidente fue asesinada a golpes. Otra mujer fue acusada por ello. Lesbianismo y altas personalidades del momento se mezclan y confunden en un crimen que sigue siendo un misterio sin resolver.

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Los casos fríos son los crímenes sin resolver que languidecen en los cajones de las comisarías y los oscuros sótanos olvidados por todos. Casos que nos producen del oscuro presentimiento de que aún no concluido todo, que pronto se cometerá de nuevo algún crimen espantoso que borrara con su magnitud el recuerdo de su anterior delito.

La Víctima

 Uno de estos crímenes de la España de finales de la llamada transición olvidado por otros posteriores fue el de María Blanca Suárez González,  que residía en el estudio número 10 del cuarto piso del bloque 44 de la calle Abtao del distrito de Retiro, cercano a la estación de Atocha. Allí vivía con 69 años de edad bien llevados una vida llena de tragedias a sus espaldas que siempre había sabido superar.
La primera sucedió en 1940 cuando tenía 29 años su marido Simón, que era un militar de baja graduación, murió víctima de la tuberculosis. Aunque ella prefería contar que su esposo había caído en 1937 luchando como un héroe, por Dios y por España, en la Guerra Civil – una mentira que la ayuda a mantener su vanidad que adornaba con retratos de Franco y de José Antonio en el salón de su casa – dentro de los parámetros del más rancio franquismo.
Esto no bastó para conformar a los dos hijos que había tenido, quienes ya en aquel momento y cuando habían alcanzado suficiente edad, se habían marchado de casa olvidando a su madre. Así pues en 1988, José María el mayor trabajaba en La Coruña y Manuel, el menor, en Gijón.
Blanca era pensionista y cuando murió percibía una pensión de 30.000 pesetas que estaba muy lejos de cubrir los gastos a los que estaba acostumbrada. Para mantener el tren de vida que tanto le gustaba, se dio a conocer como una vidente capaz de leer el futuro convirtiéndose en toda una celebridad del bajo mundo de Madrid. Decía adivinar el futuro mediante una técnica basada en la lectura de los posos dejados en una taza de café, sesión por la que cobraba 2.500 pesetas. Su forma de trabajar no ofrecía ninguna dificultad, hacía beber al incauto una taza de café y, en los restos que quedaban, descubría el porvenir, normalmente el suyo que consistía en sacar la mayor cantidad de dinero posible, claro.
Pero esa no era la única fuente de ingresos de María Blanca, ya que también usaba sus poderes para hacer las veces de casamentera. Tenía una nutrida agenda de hombres deseosos de encontrar una buena novia para casarse y a su consulta llegaban muchas mujeres preguntando cuándo encontrarían al amor de su vida. Para emparejarlos, la vidente le decía a la mujer que se pasase por su consulta el día siguiente y que ella, tras contactar con los espíritus esa misma noche, le diría el lugar en el que se tropezaría con su amado. Dicho esto, llamaba a uno de sus clientes ansiosos por echarse novia y hacía a ambos acudir al mismo lugar dándoles a uno las señas del otro, e indicándoles que debían actuar de tal o de cual manera para encontrarse con el que, por supuesto, era el amor de sus vidas previo pago, eso sí, de una considerable suma por parte de ambos.
Sus habilidades comerciales alcanzaban también a la venta de agua embrujada con capacidad para curar cualquier mal, eso sí, nuevamente al módico precio de 25.000 pesetas la botella. Una botella que previamente había sido bendecida por, según decía ella, una bruja asturiana. Bendecía velas y, por último, también se dedicaba a la usura, prestaba dinero con interés. Al final, entre sus admiraciones supuestas, su labor de casamentera y sus labores como prestamista, se pasaba el día entre unas cosas y otras ganaba la friolera de unas 30.000 pesetas diarias cuando el salario habitual de la época alcanzaba los 90.000. Esto le permitió amasar una gran fortuna a lo largo de su vida y aunque era aficionada al bingo en donde captaba más de un ingenuo, realmente no tenía vicios que hicieran gastar dinero así que cuando se revisaron sus cuentas corrientes al morir se vio que tenía cantidades millonarias.
No obstante, además de dinero y de la vanidad sentirse por encima de los demás, lo que le hacía ser muy coqueta y cuidar en extremo su aspecto, había algo que cautivaba a esta mujer, las mujeres. Era lesbiana y mantenía relaciones sexuales esporádicas con otras mujeres, eso hizo que no se pudiera preguntar a nadie cómo era realmente más allá de los rasgos externos lo que sumado al temor que producían sus supuestos poderes, hacían que no tuviera amistad con nadie. Tan sólo un ser vivo la producía un afecto inmenso, su perra de pastor alemán llamada Jacky, por lo que cuando apareció asesinada en su casa, el móvil pasional fue una de las primeras hipótesis que se barajaron en la investigación.

 El asesinato de la vidente María Blanca Suárez González

 Caía la tarde en Madrid un día lejano 23 de agosto de 1988 cuando asesinaron a María Blanca Suárez. Aquel día la vidente se acicaló y se puso un camisón para recibir a una de sus clientas, según determinaron las pesquisas, todo ocurrió mientras las dos mujeres tomaban un refrigerio en el salón. En ese momento el autor o autora sacó una mano de almirez de bronce de su bolso y motivada por una causa desconocida le propinó 24 golpes en la cabeza con este utensilio de unos 40 centímetros, todo ello estando Blanca de espaldas.
La víctima cayó en redondo al suelo y el criminal llevó su cuerpo todavía vivo hasta el baño y ayudándose de un cuchillo de 15 centímetros de hoja le cortó las muñecas hasta llegar al hueso al parecer, y siempre según las autoridades, esto fue lo que acabó con su vida pues los golpes no habían sido lo suficientemente potentes como para producirle la muerte.
El criminal se hizo con la pistola marca Star del esposo de Blanca, robó 30.000 pesetas de un sobre de una encimera y abandonó el domicilio.

Los testigos

Paralelamente mientras todo aquello acontecía en el estudio número 10, el alboroto montado en el interior de la vivienda llamó la atención a un inquilino del edificio que creyendo que algo no demasiado bueno le ocurrió a Blanca avisó al portero del inmueble para que subiera investigar.
Este por precaución cogió de su casa una pistola de juguete y ascendió por las escaleras junto con el alarmado vecino. Cuando ambos llegaron a la puerta, el vecino decidió salir de escena apuntando que iba a llamar a la policía – todo un acto de valor – quedando el empleado de la finca esperando frente aquella vivienda solo. En ese momento, la puerta de la vivienda se abrió y salió de ella una mujer que según se dijo posteriormente media entre 160 y 165 de altura. Tenía aspecto tosco, cabello castaño, una melena corta alborotada y voz de “machorra” que lo encañonó con un arma y le espetó, “cómo te muevas de vuelo la cabeza”.
El portero se apartó rápidamente y dejó paso a la asesina que bajó las escaleras velozmente para llegando al portal tomar un taxi en dirección a la calle O’Donnell.

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La investigación policial

A las a pocas horas de que Blanco hubiese sido asesinada, varios funcionarios del grupo de homicidios de la Brigada de Policía Judicial se pusieron manos a la obra para tratar de hallar al culpable.
En primer lugar tomaron declaración al portero que afirmó ver a la asesina con un arma en la mano – aunque posteriormente admitió que no estaba seguro -, también al vecino que había avisado a la policía y al taxista Ángel García García, que había trasladado a la asesina en su vehículo que declaró que la mujer solicitó ser trasladada hasta la calle del Marqués de Zafra situada cerca de la Plaza de Manuel Becerra de Madrid y que le había pagado con un billete de 1.000 pesetas manchado de sangre. El taxista reconoció ante la policía que la detenida era la misma persona la que recogió cerca de la calle Abtao.
A continuación, fotografiaron la vivienda de la vidente y trataron de hallar huellas dactilares, pero no hallaron las de ninguna persona ni de la criminal ni de blanca ni el portero quien había tocado el pomo de la puerta segundos antes de forma repetida. Ni las encontraron el cuchillo de unos 15 centímetros de hoja que había dejado marcas de herramientas en el hueso ni en el admirez que tuvo que portar la asesina, pues no se encontraba este objeto con anterioridad en el domicilio de la vidente.
Por ello, el inspector decidió recorrer los lugares habituales que recorría la víctima y que lo mejor que podían hacer era subir al principal testigo, el portero, en un vehículo camuflado y darle vueltas por Madrid hasta que reconociera visualmente a la culpable. Tras algunas semanas de búsqueda de los policías junto con el portero, el día 20 de octubre éste afirmó reconocer a la asesina el Mercado de la calle Marqués de Zafra.

La detención de una sospechosa

Se trataba de Olivia Amparo Casado García, de 52 años, dueña de una empresa de distribución de material ortopédico para farmacias. Era viuda y madre de cuatro hijos, vestía un pañuelo alrededor de su cabeza y llevaba puestas unas gafas de sol. Los agentes la detuvieron aunque curiosamente no coincidía con la descripción que el mismo testigo había dado a las autoridades el día del asesinato. La había descrito como una mujer de entre 30 y 35 años, con una altura de unos 160 centímetros a 175, de aspecto tosco, pelo castaño oscuro, melena alborotada, voz hombruna, algo machorra y zurda.
Amparo media 164, tenía pelo largo, liso y negro, no tenía voz de hombre era diestra pero el responsable de la finca no tuvo duda alguna, era ella. Al parecer y según afirmó posteriormente, lo había averiguado gracias a sus ojos, a su penetrante mirada. Meses después la propia Casado criticó la identificación diciendo “no comprendo cómo pudo decir que me ha identificado por mi mirada penetrante ya que unas gafas cubrían mis ojos, luego he pensado que cuando creyó reconocerme el primer día no se dio cuenta de que se equivocaba y al verme con el pañuelo gafas supuso que ya había cambiado de aspecto para despistarle”, ya que según declaró en el juicio, él había notado que ella se sobresaltó al verle (aunque tal detalle no fue advertido por los policías que le acompañaban).
De nada valieron aquellas dudas razonables, pues fue arrestada y conducida a la Brigada de Investigación en donde la mujer se negó a prestar declaración de acuerdo con lo recogido en el artículo 520 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y a la jornada siguiente fue llevada hasta el Juzgado donde prestó declaración mientras los agentes registraban su vivienda.
En las dos ruedas de reconocimiento que se practicaron, el taxista y el portero reconocieron la detenida, sin ningún género de dudas, como la mujer que habían visto aquella tarde. En el domicilio de la presunta homicida se encontraron dos faldas pantalón en el interior de un bolso una de ellas de color teja, que fue reconocida por los testigos como la misma prenda que portaba la asesina.
Finalmente, atendiendo a las pruebas y a las declaraciones de los testigos, el 25 de octubre, el Juez la envió a la prisión de Yeserías en Madrid de forma preventiva hasta que el caso se esclareciera, siendo posteriormente trasladada a la de Brieva en Ávila hasta ser devuelta a la de Yeserías para la celebración del juicio. En esta prisión de Yeserías las condiciones eran muy malas, era un edificio reacondicionado en prisión en el que las personas vivían sin armarios y tenían que levantarse pronto para calentarse agua con la que poder lavarse. La comida era una bazofia y atención médica peor. En una ocasión sufrió una embolia y cuando fue a la enfermería no la atendieron.

El juicio contra Amparo Casado

Llegado el día del juicio el 8 de mayo de 1990, el fiscal solicitó 15 años de cárcel como autora de un delito de homicidio y no de asesinato como se había estimado inicialmente. Amparo negó toda participación en el crimen, ni el portero ni el taxista declararon voluntariamente. No comparecieron en el juicio el día señalado y tuvieron que ser conducidos a la fuerza por la policía.
Al día siguiente declaró el psiquiatra que la examinó en prisión, Fabriciano Jiménez Cubero, que afirmó que la acusada podía presentar ocasionalmente destellos de arrebatada ira, además de un acusado egocentrismo. Decía que desempeñaba muy bien su papel, sabe estar y obtiene el prestigio que busca allí donde está, incluso en la cárcel – declaró en el juicio y añadió – que mostrar un sentido exagerado de la cuartada ya que de forma instintiva fue incapaz de decir bien la palabra almirez pronunciando almidrez.
Lo que no se pudo determinar era por qué figuraba el dietario de la asesinada el nombre de la madre de la acusada. La sorpresa saltó cuando se hizo público el veredicto, el Tribunal explicó en la sentencia que absolvía no tanto por la convicción de su inocencia, sobre la que existen determinados indicios, sino porque en el juicio oral no se pudo demostrar su implicación en los hechos. Fue así absuelta por falta de pruebas después de un año y ocho meses presa, el fiscal no recurrió la sentencia.

¿Qué ocurrió realmente?

 Se calcula que María Blanca atendió a más de 3.000 clientes a lo largo de los años incluso se comentaba que la viuda del anterior Jefe de Estado, Carmen Polo, acudía a verla entre otros muchos famosos que entre rumores como Carmina Ordóñez, Jorge Verstrynge, Arturo Fernández o Miriam de la Sierra hija los asesinados marqueses de Urquijo se decían clientes de ella. Recibía diariamente unas 8 ó 10 personas para sus sesiones de “caféomancia” como las llamaba ella – y quizá alguno de ellos la mató por distintas razones.
La policía aún defiende la tesis del crimen pasional o quizá una información delicada que dio la vidente y no fue bien encajada por alguna de sus clientas, el caso es que el crimen de la lesbiana vidente seguirá siendo un crimen no resuelto.

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