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Asesinatos en serie en Almería. ¿Uno o más asesinos?

Episodio 3. Los crímenes de Almería

Entre 1989 y 1996 se llevaron a cabo numerosos asesinatos no resueltos de prostitutas en Almería que hacen sospechar de la existencia de un asesino en serie que seguiría viviendo entre nosotros.

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Las muertes de las distintas prostitutas tienen las suficientes coincidencias para que los investigadores de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado puedan sostener la teoría de la posible existencia de un asesino en serie que, por algún motivo, habría dejado de matar pero que seguiría viviendo entre nosotros.

Según contó José Manuel Bretones – último director del semanario “El Caso” – al diario La Razón «La muerte de una decena de prostitutas entre 1989 y 1996 dejó siempre en el aire la terrible sospecha de que existía en Almería un asesino en serie» que seguiría viviendo, a día de hoy, en la provincia.

El silencio mediático no llegó a el semanario  El Caso

Existen numerosas coincidencias de estos asesinatos con los cometidos por Jack “El Destripador”.

«Comenzó a matar coincidiendo con el centenario de los asesinatos de Jack ‘‘El Destripador’’», recuerda Juan Sánchez Rada, último director de la etapa «histórica» de la revista –hasta 1987– y autor de 60 aniversario de ‘‘El Caso’’. Semanario de sucesos«Todas medían 1,65 y eran de familias desestructuradas. Las buscaba de noche. Las encontraban a veces sólo con lencería roja o negra. Las estrangulaba, las golpeaba en la cabeza…», relata Rada.

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En cualquier caso, a diferencia del asesino inglés, estos asesinatos no tuvieron repercusión mediática y habrían pasado desapercibidos por el origen social y profesión de las víctimas, si no fuera por el seguimiento que hizo el citado semanario de sucesos.

Los primeros crímenes

 La primera constancia que se encuentra registrada fue el 6 de agosto de 1989 cuando apareció el cuerpo sin vida de una mujer de 24 años, Carmen Heredia, en el interior de una de las numerosas ramblas de Almería.  En un principio se achacó su muerte al consumo de drogas, pero la autopsia evidenció que había sido asfixiada.

 Antes de que hubiera transcurrido un mes, el 28 de agosto de 1989,  se descubrió a otra víctima que había sido asfixiada en Vélez Rubio. Era una prostituta de similar edad llamada Carmen Dolores Sandmaier hija de un alemán vinculado al mundo de las drogas que, como en el anterior crimen, estaba tirada desnuda y mostraba lesiones evidentes en el cuello.

Las autoridades policiales quisieron quitar hierro al asunto, llegando a insinuar que podía tratarse de ajustes de cuentas relacionados con el tráfico de drogas o la trata de blancas.

El 21 de octubre un pastor localizó el cuerpo de otra mujer que nunca se llegó a identificar en el interior de una majada  de Purchena rodeada por un plástico. El cadáver había sido enterrado pero el agua de la lluvia lo había desenterrado.

Los crímenes continúan

Durante los siguientes años continuaron apareciendo cuerpos de mujeres como el que apareció el 6 de octubre de 1991 en las afueras de Roquetas de Mar, localizada por los albañiles que trabajaban en la construcción de una urbanización de una mujer en avanzado estado de descomposición que tampoco pudo ser identificada.

El 7 de marzo de 1992, unos agricultores de la zona encontraron a otra prostituta conocida como “La Tamara” en el fondo de un barranco que también había sido estrangulada.

Operación Indalo

 A partir de entonces, las autoridades se vieron obligadas a iniciar una línea de investigación que valorara la posibilidad de que existiera un único asesino por lo que iniciaron un operativo que denominaron “Operación Indalo”.

 En el marco de esta operación se estableció un perfil psicológico del asesino como: varón, blanco, fuerte, de entre 30 y 45 años, casado, conocedor de las carreteras de la zona y, posiblemente, conductor de profesión. 7:20

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