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El caso de Casterina Carrillo

Episodio 2. Rompiendo el secreto de confesión descubriendo al asesino

Es muy frecuente escuchar entre los que nos dedicamos a estudiar la parte más oscura del ser humano y su entorno que cada pueblo tiene su historia negra, y en el programa de hoy nos desplazamos hasta Puente Genil en Córdoba para hablar de un asesinato del que a día de hoy queda como recuerdo por el nombre de una calle de esta localidad Casterina Carrillo.

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Era la mayor de una familia de cinco hermanos y el 19 de julio de 1995 tenía 31 años y era graduado social aquella tarde salió de su casa y decidió salir a pasear en bicicleta por la carretera del canal de riego a dos kilómetros del casco urbano en un camino que arranca en uno de los márgenes de la localidad cordobesa de Puente Genil de unos 30.000 habitantes.

Entonces el camino era una vieja calzada asfaltada que circula paralela al canal y a la carretera de Montalbán un trayecto oscilante de suaves pendientes cuyos márgenes están ocupados por olivares y alguna casa. No es un lugar alejado y solitario sino que está concurrido generalmente por ciclistas, alguna prostituta, automóviles en tránsito y vecinos que pasean, por lo que es difícil desaparecer.

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Desgraciadamente nadie sabía cómo desapareció su cuerpo que aparecería una semana después, el 27 de julio de 1995, semidesnudo en la finca de San Juan en un olivar a 6 kilómetros de distancia en otra carretera. El cadáver estaba en avanzado estado de descomposición y con signos de violencia.

Uno de los monjes de la Orden de los Hermanos de la Resurrección, que estaban al cuidado del cementerio, rompió el secreto de confesión y le dijo al padre de la víctima, quién había confesado ser el asesino. Cuando la policía lo localizó, estaba internado en el hospital psiquiátrico, después de haberse intentado suicidar, porque, según decía, había acusado a alguien sin motivo. Esa confesión final del fraile determinó la libertad de un sospechoso.

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