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El Triple Crimen de Macastre

Episodio 1. El misterio de los bosques de Cuerna

Para empezar con nuestro programa hemos elegido un crimen sin resolver que se produjo en la región de Murcia, que fue en su día olvidado pero que ha sido rescatado en investigaciones posteriores por su proximidad geográfica con otros asesinatos sin resolver.

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Macastre es una pequeña localidad valenciana que, cuando ocurrieron los hechos tenía unos 800 habitantes, que se encuentra en la comarca de la Hoya del Buñol, al suroeste de Alborache. Es una zona conocida por criminólogos e investigadores de crímenes no resueltos porque en los diez años que van desde 1985 hasta 1995 han desaparecido en esa concreta zona valenciana (Macastre, Chiva, Catadau, Tous,…) 23 jóvenes y se han encontrado tan sólo 18 cadáveres.

Entre las 14.000 personas desaparecidas en España se encuentran Francisco Valeriano Flores Sánchez, de 14 años y de Burjassot, su novia Rosario Gayete Moedra, de 15, natural de Benicalap, y su amiga Pilar Ruiz Barriga de Paterna, también de 15 años, pertenecían todos ellos a familias desestructuradas de Valencia.

Francisco Valeriano se encontraba internado en el reformatorio de San Vicente de Godella por haber cometido algún robo. Le dieron un permiso el 13 de enero de 1989 y, al día siguiente, se reunió con Rosario y Pilar. Según los testigos, los tres se dirigieron al hospital La Fe de Valencia, donde la madre de Rosario estaba internada. Después de despedirse de ella, abandonaron el hospital sobre las ocho de la tarde sin decir a dónde iban y nunca se les volvió a ver con vida.

EL HALLAZGO DEL PRIMER CADÁVER

El 19 de enero, un campesino, o más bien ganadero, encuentra su caseta o masía, (que tenía luz eléctrica, agua de pozo y muebles). Estaba en condiciones de ser habitada, situada en el monte de Catadau, junto a Fuente Cuerna, con la puerta forzada (el candado que la cerraba había desaparecido, y nunca apareció). El hombre entró en la caseta y en el dormitorio del fondo, cuya puerta estaba entreabierta, se encontró a una chica tendida en la cama. Estaba vestida, sin que haya indicios de que se desnudara o la desnudaran, ni rastros de violencia. Al labrador le pareció estar dormida, pero al intentar despertarla se dio cuenta de que estaba muerta. Parece ser que murió en la misma cama, aunque no se descarta que la llevaran allí, ya muerta o inconsciente.

 No se sabe si la llevaron a la caseta o se dirigió allí junto a sus amigos ya que hacía frío. En la caseta aparece la tienda de campaña guardada en su funda. Al parecer, según las huellas, Francisco hizo un amago de montar la tienda, pero al final no la montó.

 En los alrededores de la caseta, los investigadores hallan las huellas de al menos cuatro individuos, diferentes a los tres niños. También se hallaron huellas de caballos, ovejas y otros animales, lo que es normal al ser una zona de pastoreo, así como se identificaron las rodadas de varios vehículos.

 Descripción sumarial del cadáver de Rosario:

“Se trata del cadáver de una mujer joven, cuya edad aparente es entre los dieciséis y diecisiete años, de 1 metro y 57 centímetros de talla, de tipo constitucional mixto atlético, leptosomático, con estado de nutrición bueno. Es de cabellos color castaño de unos veinte centímetros de largo, liso. El color del iris es castaño. La dentadura está bien conservada, faltándole una pieza dentaria, el primer molar inferior izquierdo.

Los detalles de la indumentaria de la difunta son recogidos en el acta de levantamiento de cadáver por la Policía Judicial. Vestía jersey de lana grueso, jersey fino de color negro, sujetador blanco, pantalón vaquero negro muy ceñido y correa negra, zapatillas de deporte y dos calcetines finos en cada pie.

Asimismo, son recogidos por la Guardia Civil diversos objetos personales que portaba la víctima, con fines identificativos tales como numerosas pulseras elásticas de varios colores que llevaba en ambas muñecas, dos pliegues de papel en cuyo interior figuraban escritos dos números de teléfono. Un reloj digital, un anillo dorado con iniciales grabadas en su parte interna, una pulsera de color plateado con un nombre grabado en ella, una cadena plateada en el cuello, unas gafas de sol plegadas que tenía en el bolsillo de la camisa y llamaba la atención durante el levantamiento el que tuviera parte de la cremallera del pantalón desabrochada en la parte superior, dejando ver por ella una parte del abdomen.

También es significativo el hecho de que la parte de las bragas blancas correspondientes a los orificios vaginal y rectal aparecieran manchadas de un líquido sanguinolento. Destacar también que el cadáver estaba sucio, particularmente los pies.

En cuanto a los fenómenos cadavéricos, consistían en frialdad, rigidez, que ya se había resuelto en el cuello y en los miembros superiores, pero que se mantenía todavía en los inferiores.

Las livideces estaban situadas en los planos dorsales y en la hemicara izquierda y tenían una coloración entre rosada y rojiza que llamaba la atención.

La putrefacción se había instaurado, ocupando la mancha verde el tórax, el cuello y los hombros.

Por los orificios nasales se veía líquido sanguinolento. Por otros orificios naturales, boca, vagina y ano, existía también dicho líquido sanguinolento.

En cuanto a lesiones traumáticas externas, examinadas […] del cadáver no se observan huellas de venopunción ni la presencia de ningún tipo de violencia en las mismas.”

Diligencia del levantamiento de cadáver, Inspección ocular y Autopsia:

El cadáver estaba en posición de decúbito supino (boca arriba) sobre una cama. Existía cierta elevación de la cabeza sobre los pies, ya que ésta se apoyaba en una almohada. El cuerpo no llegaba a situarse totalmente horizontal, sino que se encontraba algo inclinado hacia la izquierda. Desnudado el cadáver y recolectados todos los objetos personales para su ulterior identificación, se examina, no encontrándose huellas de violencia. Se procede al estudio de los orificios naturales, evidenciándose en la ampolla rectal una sustancia blanca coagulada, que macroscópicamente se asemeja al semen. Acto continuo se toman muestras del mismo para su análisis microscópico.

En el lugar de los hechos no existía desorden, ni otros datos de interés criminalístico.

Al examen interno, previa apertura de las cavidades orgánicas el resultado es el siguiente:

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Cabeza. Estudiados los tejidos pericraneales, tanto externos como internos, no se observan huellas lesivas. Tras el examen del encéfalo, al corte apreciamos punteado hemorrágico. No se encuentran otros hallazgos patológicos o lesivos.
Cuello. Diseccionadas las estructuras anatómicas correspondientes a esta región, los músculos, paquete vásculo-nervioso, esófago y tráquea, no se aprecian lesiones ni otras patologías.
Tórax. Los pulmones se hayan ligeramente congestivos, con una coloración rojizo-rosácea y, practicada la apertura del saco pericárdico se encuentra un pequeño volumen de líquido sero-sanguinolento. El color de la sangre es rojo-rosáceo.
Abdomen. La vejiga urinaria está vacía de contenido, el bazo aumentado de tamaño, el hígado normal, pero con signos de putrefacción, la vesícula biliar sin hallazgos patológicos, el estómago vacío de contenido, los ovarios al corte son normales y en la pared interna del útero no se aprecia ningún tipo de signo inflamatorio ni engrosamiento.
Genitales y Ano. La mucosa vaginal, estudiada al tacto, aparece conteniendo un líquido sanguinolento. El estudio del himen revela signos antiguos de desfloración, presentando restos de un himen semilunar con un borde libre de unos 4 milímetros desde el orificio hasta su inserción en el antro vaginal. En ampolla rectal se recoge abundante sustancia blancuzca coagulada, de características macroscópicas semejantes al esperma.
En el resto del cadáver no se observa nada digno de mención.

Conclusiones:

No se encuentran huellas de violencia en el cadáver.
La causa de la muerte no puede establecerse en estos momentos, quedando a la espera de los resultados de las determinaciones analíticas.
La evolución de los fenómenos cadavéricos modificados en parte por la conservación en cámara frigorífica, permiten establecer una banda de la muerte entre 50 y 72 horas anteriores a practicar la autopsia.

Pero, ¿Dónde estaban Francisco y Pilar? Tras hallar a Rosario comenzó una búsqueda por el monte, peinando toda la zona, aunque no se halló ni rastro de los otros dos adolescentes.

EL HALLAZGO DEL SEGUNDO CADÁVER

El 8 de abril, 79 días después de la aparición del cuerpo sin vida de Rosario, unos agricultores que buscaban espárragos encontraron entre unos arbustos el cuerpo sin vida de Francisco Valeriano en avanzado estado de descomposición. Por su posición, se dedujo que el adolescente había salido huyendo de la casa, para desplomarse poco después. Apareció a unos 400 metros de la caseta, oculto entre unos matorrales. Estaba tendido en decúbito prono (boca abajo), con el brazo derecho hacia delante y el izquierdo hacia atrás. Cerca del cuerpo había un pico oxidado, con tres cabellos pelirrojos que se estimó eran de origen animal.

En el bolsillo del pantalón de Francisco Valeriano estaban los billetes de autobús hasta Catadau que ya comentamos. ¿Qué sucedió para que cambiaran sus planes y en lugar de acampar en esta zona se fueran hasta la caseta donde apareció Rosario? ¿Cómo llegaron hasta Macastre? No tenían vehículo propio y, en principio, no conocían a nadie por allí que les pudiera haber llevado. Algún desconocido, cuyo grado de implicación en el crimen se desconoce, tuvo que llevarlos a 30 Km. de distancia de su destino inicial.

El cuerpo de Francisco Valeriano tampoco presentaba signos visibles de violencia. Como en el caso de Rosario, tampoco había señales de pinchazos que podrían indicar una sobredosis de drogas. La autopsia determinó, además, que tras el análisis de las vísceras no se podía deducir la utilización de veneno alguno conocido. Con lo cual, no se llegó a determinar cuál había sido la causa de la muerte. Y eso que había tres forenses dedicados al caso.

Al aparecer el segundo cadáver, la Guardia Civil procedió al rastreo de los montes de Cuerna durante todo el fin de semana -los días ocho y nueve de abril- en busca del que se suponía iba a ser el tercer cadáver, Pilar. Pero no hubo resultados.

EL HALLAZGO DEL TERCER CADÁVER

Finalmente, el 26 de mayo, un grupo de niños que jugaba cerca del pantano de Forata localizaron junto al río Magro, en una acequia cercana a Turís (pueblo situado a unos ocho kilómetros al este de Macastre) el resto del supuesto cadáver de Pilar -mutilado con una sierra mecánica- al que faltaban el pie izquierdo y la mano derecha, con amputación peri-mortem, a la que le habían desfigurado el rostro. Es decir, las amputaciones se habían producido durante la muerte de la joven. Además, tenía la cara desfigurada, con el maxilar superior destrozado, y no como consecuencia de la putrefacción, sino que lo había sido intencionadamente.

En junio de 1989, aparecen los restos de un pie en la zona de Chiva. Resultó ser el que le faltaba a la mujer desconocida. La mano nunca apareció. El pie izquierdo que faltaba era el que, aparecido en Valencia, pero no así la mano, corroborándose lo que habían manifestado en su momento fuentes policiales: que ambas amputaciones no estaban relacionadas. en avanzado estado de descomposición, el cadáver de una mujer. Estaba vestida. Al principio se creyó que era el de Pilar, pero se comprobó que no era así. Era una mujer desconocida de entre 18 y 25 años, a la que le faltaba un pie y una mano. Su desaparición no había sido denunciada. En la actualidad continua sin ser identificada.

En 1999 aparecen restos óseos (correspondientes a piernas, brazos y cráneo) en Macastre, en las tierras propiedad de un vecino llamado Antonio G., debajo de unos plásticos. Se cotejaron con una muestra de la hermana de Pilar y resultaron ser, tras la prueba de ADN, de Pilar Ruiz Barriga. Se piensa que murió también de una paliza. No se dieron noticias por deseo de la familia.

Los restos aparecieron a unos nueve kilómetros de la caseta, en avanzado estado de descomposición. Esto descartaba la teoría de la muerte accidental. Ahora se estaba buscando a un descuartizador. Pilar, en caso de estar drogada, no podía haber llegado hasta allí por sus propios medios. Ya se había encontrado a los tres jóvenes, pero el misterio estaba lejos de resolverse. Por el contrario, la aparición del supuesto cuerpo de Pilar, con signos de violencia, y esqueletizado, daba un nuevo enfoque al caso.

 Felisa Ruiz, hermana de Pilar, manifestó al diario Las Provincias en 1997, “Pilar estaba irreconocible y tenía la cicatriz” que el cadáver estaba irreconocible y que no tenía una cicatriz en la pierna como tenía su hermana, por lo que el cuerpo encontrado no sería el de Pilar, sino el de una desconocida. La prensa publicó que la guardia civil no tenía dudas de que el cuerpo era el de Pilar. Pero al parecer lo que se estableció es que se trataba de una mujer de raza blanca, de edad comprendida entre 15 y 17 años y con una altura en el intervalo 1,45 a 1,48 metros, características que eran compatibles con que el cadáver fuera el de Pilar. ¿Quién era entonces la chica hallada junto al Magro?, pero la familia nunca reconocíó el cadáver como el de Pilar.

Como puede verse, las batidas de la guardia civil no tuvieron éxito alguno, pues los restos de los tres niños fueron encontrados por otras personas.

El balance de los años 1988 y 1989 era aterrador, pues además de las tres víctimas citadas, en la Comunidad Valenciana habían desaparecido otras treinta y tres niñas de edad similar a las del caso Macastre, 15 en zonas de competencia de la Guardia Civil y 18 en zonas de competencia de la Policía Nacional, que jamás aparecieron, ni vivas, ni muertas.

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